Andrés Cepeda y el arte de volver al origen

Big Band 2: un viaje por las canciones que formaron a Andrés Cepeda

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Por: Coté Jaramillo / Fotos: Cortesía de Andrés Cepeda

Hay canciones que no necesitan presentación. Canciones que apenas empiezan a sonar y alguien en la mesa reconoce la melodía, inevitablemente transportándonos a algún recuerdo especial. A esas que escuchamos de pequeños, en casa de los abuelos un domingo por la mañana, o que sonaban de fondo durante una reunión familiar y que, muchos años después, siguen teniendo la capacidad de llevarnos de vuelta a ese momento. En ese territorio habita Big Band 2, la nueva producción de Andrés Cepeda, un álbum que vuelve sobre algunos de los grandes clásicos de la música latinoamericana para reinterpretarlos junto a una gran orquesta y, esta vez, hacerlo en vivo.

La segunda entrega de este proyecto reúne canciones que atraviesan fronteras y generaciones, desde “Colombia, Tierra Querida” y “Lamento Borincano” hasta “Las Pilanderas”, con la voz de Celia Cruz; “Y Hoy Como Ayer”, junto a Benny Moré; y “Rayito de Luna”, junto a Lila Downs. Grabado en vivo con más de treinta músicos, el álbum también es una invitación a mirar hacia atrás y reconocer las raíces de una música que sigue representando a Latinoamérica en el mundo.

Conversamos con Cepeda sobre el reto de reinterpretar canciones que forman parte de nuestra memoria colectiva, las historias detrás de algunas de sus elecciones, el particular proceso que le permitió recuperar las voces de Celia Cruz y Benny Moré y ese pequeño gesto de rebeldía que significa apostar por una música que, aunque pertenece a otras épocas, sigue encontrando nuevos oídos.

Comencemos hablando de Big Band 2. Hay canciones como “Colombia, Tierra Querida” que no solo han marcado a Colombia, sino también a toda la región. ¿Hubo alguna canción que te diera miedo interpretar por el peso que tiene y por lo que significa para la gente?

Andrés: Sí, me pasa con varias canciones del álbum. Son tan icónicas que es delicado entrar ahí. “Colombia, Tierra Querida” es una de ellas. Tiene mil versiones y sigue siendo el himno no oficial de nuestro país, entonces tiene esa delicadeza. Sin embargo, es una canción con la que cualquier colombiano, o cualquier persona que la conozca, se siente muy familiarizada. La hemos cantado en el colegio.

Hay dos canciones, en particular, que para mí fueron retadoras en términos de interpretación. Una es “Alma Mía”, que hace homenaje a la música mexicana y fue compuesta por María Grever. Es una canción bellísima que no tiene tantas versiones, y ese era precisamente el reto: plantear una nueva versión de una canción que no ha sido tan reinterpretada. Además, vocalmente es exigente. Tiene un tipo de fraseo y una interpretación muy sensible que puede ser delicada. La estudié mucho y me quedé satisfecho con lo que quedó, pero fue un reto importante.

Hay otra canción con una característica similar: “Lamento Borincano”, una canción puertorriqueña con letra del poeta Rafael Hernández. Al ser la obra de un poeta, tiene una estructura y una forma distintas a las de un compositor de canciones. Tiene muchas estrofas y es exigente vocalmente. Estas dos canciones fueron difíciles de interpretar, pero tuvimos tiempo para ensayar y preparar mucho. Al final, quedé contento. Fueron retos interesantes. El primero de ellos surgió cuando estaba haciendo el disco, que fue grabado completamente en vivo durante una serie de conciertos en Bogotá. Mientras ensayaba, recordé que, siendo muy jovencito y haciendo mis prácticas de ingeniería de grabación en los años 90, trabajaba como asistente en varios estudios de Bogotá.

A uno de esos estudios llegó la señora Celia Cruz para hacer unas grabaciones de canciones colombianas. Yo fui testigo de esa sesión porque estaba trabajando allí. Era quien recogía los cables, llevaba los tintos, guardaba los micrófonos, hacía de todo. Fui testigo de su sesión, me impactó muchísimo y me quedó ese recuerdo. Cuando estaba haciendo el álbum pensé: “Las cintas de la señora Celia tienen que estar en alguna parte”. Ese álbum de duetos y esa canción no habían recibido la importancia que tenían, habían pasado un poco de agache. Pensé que valía la pena retomarlo y empecé a buscar las cintas. Tuve la fortuna de encontrarlas en buen estado. Estaban bien archivadas y no fue difícil restaurarlas. Después me dediqué a conseguir las autorizaciones de las diferentes casas discográficas que habían tenido los derechos de esa grabación. Nos tocó seguirles la pista legalmente y conseguir todos los permisos. También conseguimos las autorizaciones de los herederos de Celia y de las personas que manejan su legado para poder utilizar su voz.

Durante las pruebas de sonido de los conciertos de donde salió el disco, grabé, sin mi voz y obviamente sin la de Celia, la canción “Las Pilanderas”, una canción colombiana, una cumbia del maestro José Barros. Mientras conseguía los permisos pasaron varios meses. Finalmente los obtuve, traje la cinta, la incorporé a mi canción y canté yo. Es la única canción del álbum que no grabamos en vivo durante el concierto, precisamente por todo este proceso.

Como aprendí que esto se podía hacer sin utilizar inteligencia artificial y cómo conseguir las autorizaciones, me propuse hacer lo mismo con otra canción que sí se grabó durante el concierto: “Y Hoy Como Ayer”, cantada originalmente por el gran Benny Moré. Repetí el proceso y conseguí utilizar su voz. Fue un gustazo y un honor poder cantar con esas voces maravillosas de Celia y Benny Moré.

Además, tengo una tercera invitada en el álbum, que también me honra muchísimo: una cantante mexicana y artista fabulosa, Lila Downs, con quien cantamos una canción muy mexicana que se llama “Rayito de Luna”. Esos tres fueron retos importantes para mí en el álbum, tanto artísticos como personales. Sobre todo, me emociona haber logrado que participaran conmigo, aunque ya no estén con nosotros, y recalco mucho que todo esto se hizo sin inteligencia artificial. Estamos en la era de la inteligencia artificial, donde todo se puede. Esto fue a la antigüita, utilizando las cintas originales.

Y justo eso me parece interesante de ti: eres un artista muy completo. No solo estás pendiente de la parte musical, sino también de todo lo que hay detrás de una producción. Este álbum reúne muchas de las canciones que te formaron. ¿Cómo hiciste la curaduría del repertorio?

Andrés: Fue horrible porque me tocó dejar por fuera mucha música. Eso me hace pensar que en unos años podría hacer otra edición de Big Band, porque hay mucha tela donde cortar y muchísimo repertorio.

Escogí las canciones buscando que representaran el viaje de ese formato por diferentes países y zonas muy representativas de cada uno. También quería que hubiera un gusto personal de por medio, canciones que me llevaran a recordar momentos de nuestro crecimiento, de nuestra infancia y de la música que escuchaban nuestros viejos. Ese fue mi guía.

A mí me preguntan qué le diría a la gente que va a escuchar el disco. Ojalá, si no lo has oído porque eres muy joven, le dediques un momentico, pero procura sentarte con tus papás, tus tías o tus abuelos, si los tienes, para que te pongan en contexto de por qué Benny Moré era el Bad Bunny de los años 50. Es chévere que la gente pueda hacer esa relación. Oírlo en familia sería lo ideal.

El primer álbum salió poco antes de la pandemia y, ahora llega Big Band 2, en una etapa totalmente diferente de tu vida. ¿Cómo cambia la relación con estas canciones cuando las vuelves a interpretar años después?

Andrés: En cierta manera, no, porque es música que conozco bien y que estuvo siempre en mi casa. Pero una cosa es oírla y otra es cantarla. Interpretarla, ponerse en los zapatos de estos artistas e imaginarse que uno pudo haber existido en esa época, disfrutando de esa música cuando era nueva, me hace muchísima ilusión. Más bien, me reconfirma la idea que tengo de que fue una época dorada de la música, que hay que tener muy en cuenta para entender y llevar más arriba lo que es nuestra cultura latina hoy en día para el mundo. La gente que está haciendo música latina hoy necesita recordar a estos personajes y esta música para poder estar a la altura de lo que queremos presentarle al mundo.

¿Hubo alguna canción que elegiste para el álbum y que, después de interpretarla, resultó completamente diferente de lo que esperabas, pero para bien?

Andrés: Sí, me pasó con una canción de Bobby Capó que se llama “Poquita Fe”. No me imaginé que nos iba a quedar como nos quedó y me fascinó el resultado, porque es una de las pocas en las que no respetamos exactamente la versión original. Nos atrevimos un poquito a versionarla y eso me gustó mucho.

Hay canciones que perduran en el tiempo, trascienden generaciones y siguen pasando de los abuelos a los nietos. ¿Crees que Big Band es también un acto de rebeldía frente a la forma en que consumimos música actualmente?

Andrés: Sí. Es muy chistoso porque, haciendo música de época, música que pertenece a otra generación, es curioso lo que voy a decir: sí, es rebelde y es un poco punk. Es como decir: “Voy a hacer estos boleros, voy a hacer estas canciones, voy a hacer todo esto porque siento que nadie más lo quiere hacer”. No estoy diciendo que nadie más quiera hacerlo, porque también hay gente interesada en esto, pero somos pocos. Creo que sí hay un acto de rebeldía y de contracorriente al plantear un proyecto como este.

Y ahora vas a terminar la gira en Ecuador, en septiembre. ¿Qué podemos esperar de ese cierre? ¿Hay algo especial preparado para el público ecuatoriano?

Andrés: Después de estar casi dos años con esta gira, obviamente ha venido mutando, actualizándose y sumando cosas. Ya tenemos el concepto muy redondo, la hemos tocado muchísimas veces y nos la sabemos muy bien. Está muy afianzada, firme y robusta. Es un show de aproximadamente dos horas y cincuenta minutos, casi tres horas, en el que hacemos un recorrido por lo más importante de nuestra carrera y por lo que la gente más ha disfrutado, pasando por las emociones más importantes. Hay varios formatos, momentos y emociones. Pasan muchas cosas, la puesta en escena es muy linda y tengo, además, un invitado especial: Sergio Sacoto. Es un show muy romántico, pero también hay mucha rumba y mucha fiesta. Hay cosas inesperadas, pero todo dentro del marco de los grandes éxitos de mi carrera.

Andrés Cepeda vuelve a Ecuador con el cierre de su gira "Nuestra Vida en Canciones"

  • Quito: 17 de septiembre de 2026 en el Coliseo Rumiñahui.
  • Guayaquil: 18 de septiembre de 2026 en el Coliseo Voltaire Paladines Polo.
  • Cuenca: 19 de septiembre de 2026 en el Coliseo Jefferson Pérez.


  • ¡Puedes escuchar Big Band 2 en todas las plataformas digitales!

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