Bacilos: un amor como los de antes

El amor, sin duda, ha cambiado.

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Por: Coté Jaramillo / Foto: Cortesía

El amor, sin duda, ha cambiado. La forma en que nos relacionamos, cómo conocemos a alguien y, sobre todo, el amar libremente. Y aunque agradezco profundamente vivir en una época en la que tenemos esa libertad, es inevitable preguntarnos cómo se sentía amar en los 90. Un amor sin tantas presiones ni apariencias, más inocente y genuino, que no se rendía a la primera.

De eso habla la nueva canción de Bacilos, una canción sobre querer un amor así: genuino, real, “un amor como los de antes”. A partir de esta idea, Jorge Villamizar y André López conversaron con nosotros sobre el amor de otras épocas, el camino recorrido por Bacilos, sus recuerdos de Ecuador y el vínculo que une a Jorge con el país que también considera parte de su historia.

“Amor de los noventa” nos lleva, desde el título, a una época muy específica. ¿Cómo nació esta canción?

Esta canción viene de un junte. Tomé un café con tres compositores colombianos muy fuertes: Gangsta, que es uno de los productores más importantes de Colombia en este momento; Benny, que trabaja con él y ha trabajado con todos los artistas más duros de Colombia; y Avi, que es el partner de composición de Camilo.

Nos juntamos a conversar de otras cosas. Ellos son como veinte años menores que yo y comenzaron a preguntarme: “Oye, ¿cómo era eso en los noventa? A ti te tocaron los noventa”. Empezaron a interrogarme desde la perspectiva de unos veinteañeros y treintañeros, y fue muy interesante porque les fascinó.

Les llamaba la atención que no hubiera teléfono celular, que no hubiera apps, que no existiera nada de esto. La conversación estuvo tan buena que nos fuimos directo al estudio y salió esta canción.

La produjo Gangsta y la hizo un merengue, que es un ritmo que él asocia con esa época, cuando estaba en su apogeo Juan Luis Guerra. Y nada, ahí quedó esta conversación intergeneracional que es esta canción.

¿Qué tenía el amor de los noventa que hoy parece hacernos tanta falta?

Creo que la paciencia, de aguantar la ansiedad. Cuando tenías una cita en tres, cuatro días o una semana, no veías a la persona. Aunque podías hablar por teléfono, tenías el obstáculo de la mamá o del papá, y no veías a la persona.

Hoy, por teléfono te ves, te cambias fotos, te mandas fotos, te ven. Entonces no generas esa ansiedad, esa espera, ese ritual de encontrarte con la persona. Y, obviamente, está el lado humano: el tacto, los dolores, la expectativa y todo eso. Hoy en día, las relaciones empiezan y terminan en segundos.

Una canción que ya no les pertenece

Bacilos ha acompañado a varias generaciones con sus canciones de amor y de rumba. Con los años, sus canciones han dejado de ser únicamente parte de su propio repertorio para convertirse en parte de la historia personal de miles de personas.

¿Qué significa para ustedes volver a Ecuador y reencontrarse con el público después de tantos años?

Es muy bonito. Hay una relación increíble, un cariño mutuo con el público de Ecuador en general y con Guayaquil. Son casi 30 años que visitamos Ecuador como Bacilos y hay una relación fuertísima.

Se generan anécdotas y cuentos increíbles de las visitas. Es muy bonito reencontrar a los fans y conocer nuevos fans. Hay una nueva generación de fans de Bacilos que va a poder cantar los clásicos de Bacilos por primera vez en vivo con nosotros. Eso es muy bonito.

También tener gente que ya nos ha visto muchas y muchas veces y que sigue ahí acompañándonos es increíble. Y visitar un país que es lindísimo, bajo una invitación, y tener la oportunidad de compartir el escenario una vez más con Carlos Vives. Creo que somos artistas, Bacilos y Carlos Vives, con un catálogo muy relevante para una buena noche de rumba. Entonces, la gente tiene que irse preparada para cantar bastante y bailar bastante.

Hay canciones que parecen tener una conexión especial con determinados lugares. ¿Sientes que eso ocurre con “Tabaco y Chanel” en Ecuador?

Creo que “Tabaco y Chanel”, porque es una canción que escribí en Quito. La grabé antes de que existiera Bacilos, en una versión ecuatoriana, antes de que existiera Bacilos. Es una canción que tiene una historia muy quiteña y, pues, es muy especial cantarla.

Un Quito que ya no existe

La conexión de Jorge con Ecuador va mucho más allá de la música. Quito fue el escenario de su adolescencia y guarda una parte importante de su historia personal.

¿Qué cosas de Colombia llevas contigo y qué cosas de Ecuador nunca dejaste atrás?

Son miles de cosas. Esas memorias de las que hablas tú, las memorias familiares. Mi adolescencia es quiteña. Tengo recuerdos increíbles de una ciudad que ya no existe, un Quito que tenía un millón de habitantes, en el que tú te ibas caminando por la ciudad.

Las Fiestas de Quito de esa época eran un mundo distinto. Había toros, había rumbas con orquestas en los diferentes barrios y tú te ibas caminando, te cruzabas la ciudad a pie y te ibas colando en los barrios que tenían sus fiestas.

Y, obviamente, mis perspectivas de la vida, mis cosas personales, mi desarrollo humano, mi adolescencia vistos desde allá, mis primeras novias, el colegio, la graduación... son veinticinco mil cosas.

La música también. Yo tenía una banda en el colegio y le abrimos a Soda Stereo. Diego Pérez Ordóñez, que es un escritor ecuatoriano y hoy en día un gran abogado, se la pasaba llamando a Ricky Cueva, de la radio. Molestábamos a Ricky y a Cristian del Alcázar, que eran chamaquitos en esa época. Ahí Diego palanqueó para que metieran a la banda de mi colegio en el concierto. Él tenía 15 años. Son demasiadas cosas. Yo he visto a Quito crecer, he visto a Ecuador cambiar.

Una vez me fui en un auto con un amigo. Salimos de una discoteca y dijimos: “Metámonos en un auto y manejemos hacia el occidente hasta que lleguemos al mar; después giremos a la izquierda y bajemos hasta donde nos aburramos”.

Recorrimos un país que era totalmente pacífico. Te imaginas salir a las cuatro de la mañana en un auto, irte hasta Pedernales, girar a la izquierda y dormir en Pedernales donde caiga. Después decir: “Bueno, nos vamos para el norte, nos vamos para el sur”, y bajar por Manabí, por carreteras que ya no existen. Y no te pasaba nada. Era un país de paz. Era increíble.

Me tocó una época maravillosa de Ecuador. Mis papás siguen ahí. Cuando se jubilaron y dijeron: “Bueno, si quieren nos regresamos a Colombia”, les dijimos: “No, no, no, ustedes se quedan en Ecuador”. Ellos han hecho una vida maravillosa, tienen miles de amigos. Entonces hay unos lazos muy fuertes.

Lo que queda después de 20 años

Si algo ha conseguido Bacilos es convertir canciones en recuerdos. Para quienes los escucharon hace décadas y para quienes recién los descubren, su música sigue encontrando nuevas formas de acompañar la vida.

¿Qué esperan que la gente siga sintiendo con su música dentro de otros 20 años?

Es realmente muy bonito que las canciones de Bacilos hagan parte de la banda sonora de la vida de las personas y que eso siga pasando.

Obviamente, como mencionamos, hay que esperar años y décadas para que eso empiece a pasar. Tenemos la suerte de que nos ha pasado a nosotros. Nos ha tocado vivirlo, poder verlo y volver al escenario para conocer a estos nuevos fans que van a hacer que estas canciones sean parte de su banda sonora, de sus vivencias con la familia y de sus momentos específicos en la vida.

Uno nunca puede planear eso. Uno no imagina que podría pasar. Entonces, lo que hacemos es disfrutarlo muchísimo. Ojalá eso siga pasando. Creo que cada vez estamos más agradecidos de que suceda, de poder volver al escenario y compartir esos momentos especiales. Y, como mencionaste tú, ojalá eso siga pasando por 20 años más.

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