Carlos Vives: El último disco, la nueva generación y las canciones que todavía le quedan por cantar

¡En exclusiva para Cosas! ¡Carlos Vives

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Por: Coté Jaramillo (@cotejaramilloa) / Fotos: Cortesía


Él es Pacífico y es Caribe. Lleva su bandera tricolor con orgullo y ha dejado el nombre de Colombia en lo más alto. Con más de cuatro décadas en la industria musical, Carlos Vives ha puesto a bailar a varias generaciones con sus ritmos contagiosos, llevando consigo tradiciones, historias y sonidos que han hecho que Latinoamérica brille.

Es el muchacho de las bermudas y el pelo suelto que convirtió la música en mucho más que fama: la convirtió en propósito. Él es Carlos Vives…

Su música se ha convertido en el soundtrack de historias de amor, en el orgullo de una tierra y en un puente entre generaciones. Sus canciones han conseguido algo que pocos artistas logran: conectar a madres con sus hijos, cruzar fronteras que adoptan sus canciones como si fueran locales y seguir encontrando nuevos oídos décadas después de haber sido creadas. Porque, en algún punto de su camino, Carlos entendió que el verdadero propósito estaba en conectar con su gente y devolverle a su tierra todo lo que ella le había dado.

Nos habían dado 15 minutos. Terminamos hablando muchísimo más. Y quizá eso era inevitable. Cada pregunta abría la puerta a una nueva historia, un recuerdo, una reflexión o una anécdota. Hablar con Carlos Vives es entrar en un recorrido por sus memorias, por sus canciones y por todo lo que todavía tiene por contar.

Cuando le pregunto si siente que después de este álbum existe un Carlos nuevo, hace una pausa. No está seguro de llamarlo una evolución. Prefiere otra palabra: aprendizaje. “Yo sí siento que ha habido un aprendizaje. No sé si una evolución exactamente, pero sí como que aprendemos”, dice. Ese aprendizaje también tiene que ver con las nuevas generaciones. Carlos reconoce que buena parte de lo que hoy puede hacer sobre un escenario llega de la mano de los jóvenes que se han ido incorporando a su equipo: músicos, productores, sonidistas, iluminadores, DJs. Todos ellos han traído nuevas herramientas para contar historias. “Yo siempre le debo a la juventud cómo acercarse a lo mío”, cuenta.

Y ahí aparece una de las claves de su vigencia. Carlos no entiende la tradición como algo estático. Sus canciones nacen de un lugar, pero están constantemente encontrando nuevas maneras de llegar a la gente: juntándose con artistas emergentes y apoyándose en las estrellas del momento para brillar juntos. “Siempre detrás de mis canciones hay gente y un lugar y una cultura y una historia y una identidad”, explica. Hoy, esas nuevas herramientas le permiten contar esas historias de otra manera y, sobre todo, acercarse a los jóvenes para mostrarles que aquello que él canta también les pertenece.

La conversación inevitablemente aterriza en su nuevo álbum y en una pregunta casi imposible: si tuvieras que quedarte con una sola canción, ¿cuál elegirías? Elegir una canción favorita es como elegir a un hijo favorito, una tarea casi imposible. Sin embargo, después de pensarlo, aparece “Tú y yo y nada más”. Le gusta porque es sencilla, porque tiene ese espíritu vallenato y porque habla del amor y de la mujer desde un lugar que siente especial. Pero rápidamente reconoce que hay otras canciones que también ocupan un lugar importante en el disco. Entre ellas está “El último disco”, un vallenato de despecho y desamor que terminó dándole nombre al álbum. El título abre otra conversación. ¿Realmente podría ser este su último disco? Carlos se ríe, pero la respuesta llega con claridad: canciones todavía quedan muchas. “Voy a cantar hasta que mi Dios me dé fuerzas para cantar”, asegura.

Cantar, para él, nunca fue únicamente una profesión. Es algo que ama desde niño por lo que le produce y por todo lo que le permite sentir. Ha cantado baladas, vallenatos, pasillos, bambucos y música de distintas partes del mundo, pero hay una diferencia cuando vuelve a sus propias raíces. “Pero cuando canto mi música… entonces yo quiero cantar siempre”, dice. Lo que sí podría estar llegando a su fin es una manera específica de hacer discos.

Carlos habla de este álbum, grabado con un espíritu que mira hacia atrás, como un objeto que probablemente no vuelva a repetirse de la misma manera. La industria cambió. Los algoritmos cambiaron la forma en que escuchamos música y, con ellos, también cambiaron las estructuras de las canciones. “Hasta eso cambia”, reflexiona. Los coros, las estructuras, la manera de construir una canción. Todo está en movimiento. Por eso, cuando habla de “El último disco”, hay algo de despedida, pero no de retiro. Más que cerrar una carrera, parece estar despidiendo una forma de hacer las cosas.

Porque Carlos Vives todavía quiere hacer canciones. Y quiere que esas canciones tengan algo que decir. “Siempre vas a saber de mí, con un tema que nos sirva, con una historia bonita. Siempre, siempre.” También quiere seguir cerca de quienes están comenzando. En la conversación menciona tanto a Ecuador como a Colombia y habla de una nueva generación de artistas jóvenes que están haciendo música con letras “muy bonitas, muy sanas, muy poéticas, muy inteligentes”. Hay algo especialmente bonito en escucharlo hablar de ellos, porque no habla desde la superioridad, sino desde la admiración. Después de más de cuatro décadas de carrera, Carlos no parece estar mirando hacia atrás con nostalgia, sino hacia adelante con curiosidad. Quizás esa sea otra forma de entender su evolución. No dejar de aprender. No dejar de escuchar. No dejar de encontrarse con nuevas generaciones. Y, sobre todo, no dejar de cantar. “Así que hay mucho por hacer. A mí no me va a alcanzar la vida para todo lo que hay que hacer.”

Probablemente tenga razón. Porque después de más de cuatro décadas, Carlos Vives todavía tiene canciones por cantar, historias por contar y nuevas generaciones con las que conectar. Y nosotros todavía tenemos mucho por escuchar.

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