

Por: María José Troya / Fotos: Pablo Rodríguez
Desde la plenitud que nos da la maternidad, la creatividad –junto a la sensibilidad- parecen aflorar de una manera inesperada y tan sorprendente como todo lo que viene en esta etapa de cambios.
Las madres que hemos invitado a este espacio en particular, arquitectas y diseñadores que nos han acompañado en varias ediciones de Casas Project, nos cuentan más sobre su gestión del tiempo, sobre aquellas cosas que ya no son negociables y las que resultan imprescindibles en su compromiso con la creatividad y la entrega de sus proyectos. Su industria mueve al país, promueve el desarrollo y la economía de miles de trabajadores, pero más allá de las cifras y el aporte profesional, han tenido la capacidad de trasladar ese conocimiento en post del bienestar de quienes necesitan habitar de una forma más amable, más acogedora y real. Cuatro mujeres que habitan desde la inspiración de su cotidianidad y que reflejan el amor que sienten desde su proyecto más importante: sus hijos.

LIZ VALAREZO ROLDÁN
48 años
Licenciada en Comunicación Social. Presentadora y entrevistadora de noticiero nacional.
“Trabajando también estoy siendo un ejemplo para él.”
¿Cuántos hijos tienes?
Samuel, de 11 años.
Desde su llegada, ¿cómo cambió tu forma de tomar decisiones?
Cambio drásticamente. Antes no tenía horario ni límites dentro de mi profesión. Al momento de convertirme en mamá, siempre supe que Samuel era, es y será mi prioridad. Mi tiempo es su tiempo. Además tengo claro que hay alguien que me espera en casa y que necesita a su mamá. Con esto no quiero decir que dejé de lado la Liz profesional. Sigo siendo la misma trabajadora a carta cabal, siempre presta a estar donde y cuando se origina la noticia, que vibra con la pasión de comunicar, siempre dispuesta a informar desde donde el canal me necesite, pero siempre pienso en Samuel antes de dar un paso.
¿Qué ajustes hiciste en tu rutina tras el nacimiento de tus hijo?
Sin necesidad de pedir un cambio de horario, este llegó solo. Y es que el canal para el que trabajo tiene un alto sentido del concepto de familia y de humanidad. Cuando me convertí en mamá, pensando en eso, se me propuso asumir el noticiero de las 7:00 que es la primera emisión nacional de noticias. Antes de ser mamá mi noticiero arrancaba a las 6:00 con la emisión local de 24 Horas. Nació Samuel y no pude dormir literalmente una hora más...
¿Cómo manejas la culpa al priorizar el trabajo o al priorizar a tu hijo?
Sería mentir decir que no he sentido o siento culpa cuando sé que mi trabajo puede quizás quitarme tiempo de estar con mi hijo, pero esa culpa queda de lado cuando sé que trabajando también estoy siendo un ejemplo para él. Saber que cuando uno ama lo que hace, el trabajo se convierte en una vocación. Enseñándole que hay que saber organizarse porque a veces más que la cantidad es la calidad. Que enseñándole que su mami se esfuerza por ser cada día mejor persona, mejor profesional. Que su mami lucha por sus sueños y alcanzar sus metas para que el meñana haga lo mismo. Pero así mismo siempre le demuestro que él es mi prioridad en todo momento.
¿Qué tipo de estructura o apoyo fue clave para sostener ambas responsabilidades?
Mi familia. Un esposo que siempre está para apoyar. Unos padres que no conocen la palabra no y que siempre están dispuestos a darme la mano.
¿Qué decisiones profesionales has tomado que, antes de ser madre, no habrías considerado?
Quizás cuando hay una cobertura de riesgo no digo no, pero analizo la mejor forma de cubrirla exponiéndome lo necesario de tal forma que pueda informar, pero sabiendo que podré llegar a casa donde me espera mi familia.
¿Cómo negocias la exposición pública de tu vida privada en esta etapa?
No lo negocio. Siempre he mantenido un buen equilibrio. Tengo claro que soy una figura pública y que me debo la capacidad de trasladar ese conocimiento en pos del bienestar de quienes al público que cree y confía en mí. Comparto mi vida dentro y fuera de la pantalla pero cuidado los míos y teniendo claro que las redes sociales no deben ser tampoco una ventana abierta que puede vulnerar mi tesoro más grande: mi familia. Gracias a Dios mi comunidad de seguidores siempre me demuestra afecto y se alegran con mis alegrías no solo a través de un mensaje sino de los aludos en la calle. Y no son solo para mi sino también para Samuel.

MANUELA COBO
39 años / IG: @aborigen_ec
Arquitecta e interiorista. Fundadora y directora creativa de Aborigen
“Más que espacios perfectos, necesitamos espacios flexibles”
¿Cuántos hijos tienes?
Tengo 2 hijos, una de 5 años y uno de 1 año.
¿Cómo cambió tu forma de tomar decisiones en tu empresa después de convertirte en madre?
Me convertí en una persona más empática y más sensible, entendiendo que no existe la perfección y que las expectativas que uno tiene frente a lo que la vida te tiene preparado es algo que no podemos controlar. Me obligó a soltar el control de la mayoría de cosas que no están bajo mi alcance y, aunque al inicio fue duro, aprendí a confiar más en la vida y en mi intuición, y a tomar decisiones desde ese lugar.
¿Cómo es ahora tu forma de entender o crear espacios domésticos?
Yo me especializo en residencial, y algo que cambió drásticamente fue mi percepción de lo que significa un “espacio perfecto”. Antes lo asociaba con algo que se vea como de revista, con todo nuevo. Hoy lo veo desde otro lugar: lo que es realmente vivir en un hogar, con vida, hijos, perros, movimiento… y también con piezas que mis clientes quieren conservar. Diseño desde la intención de cons- truir una casa habitada, no una casa intocable.
¿Tu casa responde a lo que proyectas para otros?
Definitivamente. Con mi propia mezcla de estilos, piezas curadas para cada espacio, muebles completamente funcionales y, sobre todo, mucha vida en cada uno de sus usos. Mi hogar es una extensión de lo que soy, de lo que es mi familia, nuestra manera de vivir y la intención que le pongo a cada una de los detalles que habitan en ella.
¿Qué significa para ti “habitar” un espacio siendo madre?
Habitar es sentir el espacio. Si un espacio se siente bien, es un lugar donde quieres permanecer. Pero siendo madre, habitar también es aceptar que ese espacio está en constante cambio: que se desordena, que se adapta, que evoluciona contigo. Es vivirlo no solo para que se vea bien, sino para que sostenga la vida real que pasa dentro de él.
¿Cómo ha influido la maternidad en tu relación con el tiempo dentro de la arquitectura?
Cuando tuve a mi segundo hijo, estaba en una etapa de crecimiento muy fuerte en mi empresa. No había espacio para pausar, y fue muy duro, sobre todo los primeros meses. Con el tiempo, he logrado consolidar un equipo que me apoya en distintas etapas de los proyectos, y eso ha sido clave. Pero, sobre todo, aprendí a poner límites claros. Entendí que no se trata de hacer más, sino de hacer mejor, con estructura, con apoyo y sabiendo que el equilibrio no es perfecto, pero sí intencional.
¿Qué le falta a la arquitectura contemporánea para responder a las dinámicas familiares actuales?
Responder desde la vida real, no desde la imagen ideal. Se siguen creando espacios únicamente pensados para verse bien, pero no necesariamente para adaptarse a cómo vivimos hoy: con rutinas cambiantes, hijos, trabajo en casa y dinámicas que evolucionan constantemente. Más que espacios perfectos, necesitamos espacios flexibles, que acompañen y sostengan la vida que pasa dentro de ellos.
¿Ser madre cambió el tipo de clientes que aceptas?
Totalmente. No se trata de cantidad sino de calidad. Mi tiempo es mi recurso más preciado, si no conecto con algún potencial cliente, no invierto tiempo en él.

IVETT ENDERICA
39 años /IG: @iveenderica @emikdesignstudio
Diseñadora de interiores. Gerente y directora creativa de EMIK Design Studio
“Diseñar y maternar implican cuidar, adaptar y crear espacios donde la vida pueda suceder”
¿Cuántos hijos tienes?
Agustina, de 4 años, y Benjamín de 1 año 10 meses.
¿Cómo cambió tu forma de tomar decisiones en tu empresa después de convertirte en madre?
Convertirme en madre transformó por completo mi manera de liderar. Ya no se trata solo de crecer sino de construir con sentido. Ser mamá me llevó a tomar decisiones más conscientes, a priorizar lo esencial, donde el equilibrio también forma parte del éxito, me ha enseñado a confiar más en mi equipo, y aprendí que liderar también es confiar, delegar y sostener.
¿Cómo es ahora tu forma de entender o crear espacios domésticos?
Diseño desde la vida real. Me interesa cómo se habitan los espacios: el movimiento, las rutinas, el juego, el descanso, incluso el caos. Me interesa crear espacios que acompañen esas dinámicas, donde la estética no sea protagonista por sí sola, sino parte de una experiencia cotidiana más natural.
¿Tu casa responde a lo que proyectas para otros?
Sí, es el reflejo más real de lo que creo como diseñadora. Es un espacio vivo, en constante transformación, donde conviven el diseño y la vida tal como es. Con dos niños, entendí que el diseño no puede ser rígido: tiene que adaptarse, permitir movimiento, cambios y aceptar la imperfección como parte de su belleza.
¿Qué significa para ti “habitar” un espacio siendo madre, más allá del diseño?
Es construir memoria. Es entender que los espacios no solo se ven, se viven, se llenan de historias, de aprendizajes, de vínculos. Es soltar la idea de lo perfecto y permitirnos abrazar lo cotidiano. Al final, un hogar no solo se define por cómo luce, sino por lo que permite vivir.
¿Cómo ha influido la maternidad en tu relación con el tiempo dentro de la arquitectura?
Me enseñó a entender el tiempo de otra manera. La arquitectura suele manejar ritmos intensos, pero la maternidad me obligó a ser más estratégica y eficiente. Aprendí a equilibrar mis tiempos entre el diseño y mi vida como mamá, a priorizar lo esencial y a confiar en los procesos. Hoy sé que el equilibrio también se construye.
¿Qué le falta a la arquitectura contemporánea para responder a las dinámicas familiares actuales?
Le falta sensibilidad hacia la vida del día a día. Las familias son dinámicas, cambiantes, y los espacios deberían reflejar eso. Necesitamos una arquitectura más flexible, multifuncional. Diseñar no solo para cómo se ve un espacio, sino para cómo se vive diariamente.
¿Ser madre cambió el tipo de clientes que aceptas?
La maternidad no cambió eso, pero sí transformó mi forma de organizarme. Hoy trabajo de manera más consciente y estructurada, para poder estar presente tanto en mis proyectos como en mi rol de madre. Diseñar y maternar, para mí, comparten algo esencial: implican cuidar, adaptar y crear espacios donde la vida pueda suceder.

TITA DONOSO
52 años / IG: @madevalusa @donosotita
Directora Comercial y de Marketing – Madeval Florida
“Como madre, habitar un espacio es darle vida y hacerlo propio.”
¿Cuántos hijos tienes?
Tengo dos: Isabela, de 27 años, y Juan Esteban, de 23.
¿Cómo cambió tu forma de tomar decisiones en tu empresa al ser madre?
Siempre me ha apasionado trabajar. Crecí viendo a mi mamá y a mi abuelita disfrutar profundamente lo que hacían, y ese ejemplo marcó mi vida. Cuando nació mi primera hija, trabajaba en Proesa / Philip Morris con jornadas muy exigentes. Con la llegada de mi segundo hijo, decidí integrarme a la empresa familiar junto a mis padres. Curiosamente, el nivel de responsabilidad creció, pero también mi conexión con lo que hago. Ser mamá transformó mi forma de tomar decisiones: me volvió más ágil, más resolutiva. Aunque soy analítica, aprendí que es mejor decidir —incluso con el riesgo de equivocarme— que paralizarme. La maternidad te enseña que el tiempo es valioso, porque siempre hay alguien esperándote en casa.
¿Cómo es ahora tu forma de entender o crear espacios domésticos?
Desde mi rol como directora comercial en el sector de diseño y arquitectura, mi enfoque parte siempre de escuchar. Entender profundamente el estilo de vida del cliente, sus rutinas, sus aspiraciones. Ese input lo traducimos junto a nuestro equipo en propuestas que no solo respondan a un lenguaje estético, sino que integren funcionalidad, eficiencia y experiencia de uso. Ser mamá y además disfrutar de cocinar me ha dado una sensibilidad especial hacia la organización y la lógica de los espacios.
¿Tu casa responde a lo que proyectas para otros?
Absolutamente. Mi casa es un reflejo de lo que promuevo: armonía, calidez, orden y, sobre todo, funcionalidad. Es un espacio pensado para vivirlo. Me encanta recibir a mi familia y amigos. Todo está diseñado para usarse, compartirse y disfrutarse. El diseño cobra sentido cuando realmente se habita.
¿Qué significa para ti “habitar” un espacio siendo madre, más allá del diseño?
Significa crear un refugio. Un lugar donde todos nos sintamos cómodos, contenidos y felices. Un espacio que invite a compartir, pero también a desconectarse. Donde existe equilibrio entre estética y vida real. Como madre, habitar un espacio es darle vida, llenarlo de momentos y hacerlo propio.
¿Cómo ha influido la maternidad en tu relación con el tiempo dentro de la arquitectura?
He aprendido a delegar y a confiar en mi equipo, tanto en casa como en la oficina. Para mí, todos son socios estratégicos en el día a día. También he aprendido a simplificar: eliminar tareas que no aportan valor y optimizar procesos. Mi familia es fundamental en este equilibrio. Mi esposo y mis hijos son mi mayor soporte y, al mismo tiempo, mi prioridad absoluta.
¿Qué le falta a la arquitectura contemporánea para responder a las dinámicas familiares actuales?
Creo que el gran desafío va más allá del diseño interior. Tiene que ver con cómo concebimos la ciudad. Necesitamos mejores sistemas de movilidad, mayor cercanía entre vivienda, educación y servicios, y más espacios verdes que fomenten la vida en comunidad. Me encanta la idea de volver a una dinámica de barrio, donde todo esté más conectado. Hoy, viviendo en Miami, el tráfico es un factor muy determinante. Por mi trabajo me muevo constantemente, y eso impacta directamente en la calidad de vida. Creo que las soluciones urbanas son clave para que la arquitectura realmente responda a las necesidades actuales.
¿Ser madre cambió el tipo de clientes o proyectos que eliges?
Más que la maternidad, esto responde a mis valores como persona. Todos los clientes son importantes, sin importar la escala del proyecto. Puede ser un baño, una cocina o un edificio completo. Cada proyecto merece el mismo nivel de compromiso, respeto y dedicación.