Ecuador ¿un secreto gastronómico?

Ecuador cuenta hoy con argumentos concretos para proyectarse como uno de los nuevos destinos gastronómicos de latam.

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Por: Jonathan “Jay Jay” Jaramillo consultor y escritor gastronómico. (IG: @jayjayti ) Fotos: archivo y cortesía.

Los reconocimientos obtenidos por restaurantes, cocineros, bares, cafeterías, hoteles y territorios muestran una industria cada vez más amplia y profesional. Ecuador cuenta hoy con argumentos concretos para proyectarse como uno de los nuevos destinos gastronómicos de América Latina.

La gastronomía ecuatoriana llega a 2026 con resultados que la sitúan en una posición inédita. Nuema ocupa el puesto 10 de Latin America’s 50 Best Restaurants; cocineros nacionales participan en proyectos reconocidos por Michelin en Europa y Estados Unidos; Manabí es World Region of Gastronomy; dos cafeterías ecuatorianas figuran entre las mejores del mundo y cinco hoteles del país han recibido Llaves Michelin. La coincidencia de estos logros describe una industria que ha elevado sus estándares, ampliado su campo de acción y fortalecido su presencia internacional.

Ese avance se extiende por restaurantes, bares, cafeterías y hoteles; por el trabajo de productores, tostadores, bartenders, baristas y profesionales de la hospitalidad; y por la manera en que varias ciudades han construido una oferta cada vez más diversa y sofisticada. Todo esto ha ocurrido, además, durante años especialmente complejos para hacer empresa en Ecuador, entre inseguridad, contracción económica, crisis energética y una realidad política que ha afectado directamente al turismo y al consumo. Aun así, cuando se habla de grandes destinos gastronómicos latinoamericanos, Ecuador continúa apareciendo mucho menos de lo que debería.

Quizás ahí se encuentre una de nuestras mayores contradicciones actuales: tenemos cada vez más argumentos para ser reconocidos como destino gastronómico, pero todavía no hemos conseguido convertirlos en una imagen de país suficientemente clara para el resto del mundo.

El caso más evidente es Nuema. Alejandro Chamorro y Pía Salazar llevaron al restaurante quiteño hasta el puesto 10 de Latin America’s 50 Best Restaurants 2025 y, al 61 de The World’s 50 Best Restaurants, la posición internacional más alta alcanzada hasta ahora por un restaurante ecuatoriano. Los números tienen un peso innegable en una industria donde estos reconocimientos influyen sobre la prensa, el turismo y las reservas, pero la trascendencia de Nuema también se encuentra en su capacidad para mostrar la biodiversidad ecuatoriana mediante productos, territorios y relaciones directas con quienes los cultivan.

La trayectoria individual de Salazar ha ampliado todavía más esa visibilidad. En 2023 se convirtió en la primera ecuatoriana y latinoamericana en recibir el premio The World’s Best Pastry Chef , otorgado por The World’s 50 Best Restaurants. Dos años después, The Best Chef Awards concedió a Chamorro y Salazar tres cuchillos, su máxima categoría de reconocimiento, y distinguió a Pía con The Best Pastry Award.

La presencia ecuatoriana en la gastronomía internacional también se está construyendo fuera de nuestras fronteras. Cada vez hay más profesionales nacionales ocupando espacios relevantes en algunas de las escenas culinarias más competitivas del mundo.

Ikaro, dirigido en Logroño por la chef cuencana Carolina Sánchez y el cocinero vasco Iñaki Murua, ha conservado de manera ininterrumpida hasta la Guía Michelin 2026 la estrella anunciada por primera vez en 2018. Su cocina ha llevado hasta España productos, sabores y referencias ecuatorianas que conviven con la despensa riojana y vasca. Años después, otro ecuatoriano llegó a la misma distinción desde una propuesta completamente diferente: Jorge Paredes dirige la cocina de OMA , en Londres, que obtuvo su primera estrella Michelin en 2025 y se ha convertido en uno de los restaurantes más celebrados de la nueva cocina griega de la ciudad. En Miami, Alejandra Espinoza llevó la cocina ecuatoriana de Cotoa a la selección de la Guía Michelin en 2025 y, un año después, consiguió un Bib Gourmand . En Málaga, Clómada, dirigido por la guayaquileña Claudine Paulson, entró entre los restaurantes recomendados por la guía. En Santiago de Compostela, la chef cuencana Claudia Merchán y el cocinero gallego Áxel Smyth consiguieron una estrella Michelin para Simpar poco más de un año después de abrirlo. El restaurante cerró definitivamente el 19 de julio de 2026, dejando una trayectoria breve pero especialmente significativa para la presencia ecuatoriana en España. En Nueva York, Juan Andrés Pazmiño ocupa actualmente el cargo de sous chef ejecutivo de Aska, restaurante de Fredrik Berselius con dos estrellas Michelin y puesto 23 en North America’s 50 Best Restaurants 2026 . En Lexington, Kentucky, la quiteña Paula Endara es chef ejecutiva de The Manchester Hotel y dirige sus dos espacios gastronómicos, Granddam y Lost Palm. El hotel recibió una Llave Michelin en 2025; Endara formó parte del Chef Bootcamp for Policy and Change de la James Beard Foundation y participó en la temporada 22 de Top Chef .

Son recorridos desarrollados desde cocinas y países distintos, pero juntos muestran hasta qué punto los profesionales ecuatorianos están participando en las principales conversaciones gastronómicas internacionales. Dentro de Ecuador, el panorama también se extiende mucho más allá de Nuema. Clara alcanzó el puesto 60 y Tributo el 68 en la lista ampliada de Latin America’s 50 Best Restaurants 2025, mientras diferentes establecimientos ecuatorianos forman hoy parte de 50 Best Discovery, la plataforma de recomendaciones de la organización detrás de The World’s 50 Best Restaurants, Bars, Hoteles y Viñedos. Quito concentra buena parte de ellos, pero el mapa ya se extiende hacia Guayaquil, Cuenca, Manabí y Galápagos.

MANABÍ: COCINA, HERENCIA Y ALMA

Manabí atraviesa en 2026 un momento especialmente significativo al ser World Region of Gastronomy, título otorgado por el International Institute of Gastronomy, Culture, Arts and Tourism —IGCAT—. Es la primera región de América Latina en recibirlo. El reconocimiento pone bajo observación internacional algo que los ecuatorianos conocemos desde hace mucho tiempo: la extraordinaria riqueza de una cocina construida alrededor del territorio, la agricultura, la pesca, el fuego, las técnicas heredadas y una despensa con identidad propia.

En esa provincia, proyectos como Iche han trabajado alrededor de la investigación, la educación y la preservación del patrimonio alimentario, demostrando que el desarrollo gastronómico también puede generar conocimiento, oportunidades y vínculos con las comunidades que producen los alimentos. Para un país tan diverso geográficamente como Ecuador, esa forma de entender la gastronomía resulta especialmente importante. Nuestro valor difícilmente podrá construirse alrededor de una sola ciudad o de un puñado de restaurantes.

Guayaquil y su entorno metropolitano también han transformado su oferta. En los últimos años aparecieron conceptos con propuestas de cocina más definidas y ambiciosas, como Üeya y L’Oenothèque, mientras la cultura de bar conseguía llamar la atención internacional. Juliana mantiene la proyección exterior de la coctelería local y, en 2025, Nicanor fue incluido por los Spirited Awards entre los mejores bares regionales de la categoría Best International Cocktail Bar para América Latina y el Caribe. Ambos han trabajado con ingredientes y referencias ecuatorianas dentro de sus cartas. La evolución no ha sido lineal y varios establecimientos relevantes han desaparecido en el camino, pero hoy existe mayor conocimiento técnico, mejores barras y un público que entiende mucho más de coctelería que hace una década.

UNA TAZA DE CAFÉ DESDE LA MITAD DEL MUNDO

Al mismo tiempo, otra industria empieza a reclamar espacio dentro de esta conversación: el café. Ecuador ha producido café de enorme calidad durante años, aunque durante mucho tiempo esa historia tuvo mayor reconocimiento entre especialistas que entre consumidores. Actualmente existen fincas trabajando variedades y procesos de alto nivel, tostadores que desarrollan relaciones directas con productores, competencias nacionales con mayor profesionalización y cafeterías ecuatorianas consiguiendo posiciones relevantes en rankings internacionales.

En 2026, Fankor, en Quito, alcanzó el puesto 11 de The World’s 100 Best Coffee Shops y Mulano, en Piñas, llegó al 48. Un año antes, once cafeterías ecuatorianas habían ingresado entre las cien mejores de Sudamérica. Son reconocimientos que permiten observar el desarrollo de una cultura de consumo, servicio y hospitalidad mucho más amplia alrededor del café ecuatoriano.

LA HOTELERÍA OFRECE OTRA SEÑAL

La primera selección global de Llaves Michelin, anunciada en 2025, otorgó dos llaves a Pikaia Lodge y Mashpi Lodge, mientras Casa Gangotena, Hotel Otavalo y Hotel del Parque recibieron una. Que propiedades ubicadas en Galápagos, el bosque nublado Quito, Otavalo y Guayaquil aparezcan dentro de una selección internacional de este nivel amplía considerablemente la forma de hablar sobre hospitalidad ecuatoriana.

Esta amplitud resulta fundamental porque un destino gastronómico necesita restaurantes, hoteles, transporte, servicio, café, bares, mercados, productores, experiencias y ciudades capaces de recibir al viajero. También necesita razones suficientes para que alguien organice un viaje alrededor de lo que quiere comer y beber. Desde afuera, algunas publicaciones ya han empezado a mirar hacia Ecuador de esa manera. National Geographic publicó una guía culinaria de Quito; Condé Nast Traveler ha contado el país a través de su comida, sus productores y sus hoteles, además de incluir a Clara en su Hot List de 2025; y Vogue presentó a Quito como un nuevo polo creativo de la región, incorporando su evolución gastronómica dentro de ese relato.

La atención existe, aunque todavía aparece con frecuencia desde el descubrimiento: periodistas y viajeros llegan y se sorprenden de encontrar una escena gastronómica mucho más interesante de lo que esperaban. Ese asombro puede resultar halagador, pero también revela cuánto trabajo queda por hacer en posicionamiento. Perú consiguió que millones de personas asociaran Lima con comer bien antes incluso de comprar un pasaje. México convirtió la profundidad de su cocina en una de las grandes razones para recorrer el país. Colombia ha fortalecido durante los últimos años la presencia internacional de Bogotá, Medellín y Cartagena dentro de los itinerarios gastronómicos de la región. Ecuador todavía tiene que construir con mayor fuerza esa asociación. Y deberá hacerlo en un escenario particularmente difícil para la industria. Los apagones golpearon operaciones y ventas; la inseguridad modificó horarios, hábitos de consumo y dinámicas de vida nocturna; las extorsiones afectaron a negocios de hospitalidad y la situación económica obligó a muchos restaurantes a ajustar sus estructuras o cerrar. Hablar del desarrollo gastronómico de los últimos años sin incluir ese contexto ofrecería una imagen incompleta. Ecuador tiene restaurantes capaces de competir en escenarios internacionales, hoteles reconocidos por Michelin, una región convertida en referente gastronómico mundial, cafeterías posicionadas entre las mejores del continente y del mundo, una nueva generación de profesionales y una despensa cuya diversidad continúa ofreciendo posibilidades enormes.

ECUADOR TIENE POTENCIAL

Durante años hemos repetido que tenemos potencial gastronómico. En 2026 resulta más útil hablar de lo que ya existe y de lo que necesitamos hacer con ello. El siguiente desafío pasa por consolidar estándares, profesionalizar todavía más el servicio, fortalecer negocios, invertir en formación, conectar gastronomía y turismo y aprender a comunicar el país fuera de nuestras fronteras con la misma ambición con la que muchos cocineros, productores y profesionales ya están trabajando dentro de ellas. En ese escenario, los reconocimientos locales también ayudan a ordenar la conversación. Premios como Súmmum, que tuvo su primera edición en 2025, permiten observar quiénes están elevando los estándares desde una visión local, cuáles son los proyectos que están marcando el presente y hacia dónde se mueve una industria que hoy resulta bastante más compleja que hace algunos años. Ecuador ya tiene mucho que mostrar. Ahora necesita conseguir que el mundo venga a verlo —y a comerlo—.

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