Estar “off” es el nuevo lujo: el método que ayuda a romper la adicción al celular

Appstinence propone cinco pasos para reducir la hiperconexión sin renunciar a la tecnología ni a tu vida social.

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Redacción: Cosas / Fotos: 123 RF

En la era donde estar en constante conexión es sinónimo de éxito, buscar estar off es un acto sinónimo de éxito, buscar estar off es un acto disruptivo. Cada vez más personas, muchas de disruptivo. Cada vez más personas, muchas de ellas con vidas profesionales estables y activas en ellas con vidas profesionales estables y activas en redes sociales, están comenzando a cuestionarse redes sociales, están comenzando a cuestionarse su relación con la tecnología. El objetivo no es su relación con la tecnología. El objetivo no es renunciar a ella, sino aprender a integrarla de renunciar a ella, sino aprender a integrarla de manera más saludable y consciente.

Frente a este dilema contemporáneo, surge Appstinence, un método que propone algo más que las clásicas soluciones de “limitar el tiempo de pantalla”. Esta aplicación fue creada por Gabriela Ngoyen, estudiante de Harvard que, tras crecer en Silicon Valley, tomó conciencia de su propia hiperconexión y buscó una alternativa más saludable. El nombre combina “app” (aplicación) y “abstinencia”, y propone cinco pasos: reducir el acceso a apps problemáticas; desactivar cuentas; eliminar las aplicaciones del dispositivo; usar un celular más simple; y por último, dejar el celular por completo.

Uno de los grandes aciertos de Appstinence es visibilizar que no es necesario “tocar fondo” para tener una relación problemática con el celular. Vanessa Caba Machado, profesora e investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), advierte que incluso las personas con un estilo de vida exitoso, organizadas y funcionales, pueden estar atrapadas en un patrón digital poco saludable.

No se trata simplemente de contar las horas frente a la pantalla, sino de observar qué hay detrás de ese uso: ¿estamos evitando emociones incómodas? ¿sustituyendo el contacto humano por interacciones virtuales? ¿nos irritamos si no tenemos el celular a mano? Si la respuesta es afirmativa, quizá sea momento de repensar la relación con nuestro celular.

Cuando el celular se convierte en un refugio para la ansiedad o el aburrimiento, se pierde algo esencial: la presencia plena. Caba Machado menciona investigaciones del equipo de Ciberpsicología de UNIR que evidencian cómo esta hiperconectividad afecta directamente al bienestar mental, el descanso y la calidad de nuestras relaciones personales.

Fenómenos como la nomofobia (miedo irracional a estar sin el celular) y el FOMO (miedo a perderte de algo) son cada vez más comunes, especialmente entre jóvenes de 12 a 16 años, pero su eco resuena también en adultos. La constante interrupción digital debilita la capacidad de concentración profunda, vital para tareas complejas y procesos creativos.

Esta abstinencia no exige una renuncia absoluta. Es posible integrarlo a la vida profesional y social sin aislarse. El enfoque escalonado permite identificar qué elementos son más tóxicos en la rutina digital. Algunas personas solo necesitarán eliminar apps específicas; otras quizás opten por usar un celular más básico los fines de semana o durante vacaciones. La clave está en la gradualidad y flexibilidad del enfoque. No se trata de pasar del todo al nada, sino de diseñar un plan personal que permita reducir el uso compulsivo sin afectar las herramientas necesarias para el trabajo o las relaciones cotidianas. Entre las prácticas recomendadas están: realizar actividades presenciales sin celular, evitar el dispositivo antes de dormir, registrar los tiempos de uso diario y practicar habilidades sociales en entornos reales.

Especial atención merecen los jóvenes, quienes necesitan no solo supervisión familiar, sino también una auténtica educación digital. Esto implica enseñar a usar la tecnología como una herramienta y no como una muleta emocional, a distinguir entre conexión y dependencia, entre información y ruido

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