Las “micronovelas” del scroll: por qué las microseries son el fenómeno global del momento

Pensadas para móvil y formato vertical, estas historias exprés ya transforman producción, consumo y atención.

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Redacción: Cosas / Fotos: 123rf

En la era de la inmediatez, también el entretenimiento se ha compactado. Las microseries, con episodios de apenas un minuto, se han convertido en un fenómeno global que redefine cómo consumimos ficción. Aunque su auge parece reciente, estas historias breves llevan años desarrollándose y hoy están revolucionando el lenguaje audiovisual. Su éxito es especialmente fuerte entre los jóvenes, pero su impacto cruza generaciones.

Lucía Tello Díaz, do- cente del Máster en Estudios Avanzados en Cinematografía de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), las llama “micronovelas”, y las entiende como una respuesta natural a un cambio profundo en los hábitos de consumo. “Las redes sociales y la cultura del scroll han transformado no solo lo que vemos, sino cómo lo vemos”, señala. Estas microseries están diseñadas para consumirse en móviles y en formato vertical. Su lógica se adapta a plataformas como TikTok, Instagram Reels o YouTube Shorts, aunque muchas de ellas se agrupan en espacios especializados como Real Short, Serial Plus o Dramavox. Allí se ofrecen cientos de episodios que, en su conjunto, construyen tramas completas, con historias que van del drama a la ciencia ficción, del romance al thriller.

Aunque hoy el formato se asocia con China, donde ha alcanzado una escala masiva, sus orígenes se remon- tan a iniciativas estadounidenses. Las producciones chinas destacan por su capacidad para adaptar historias complejas a formatos ultracortos, con un enfoque narrativo basado en clímax constantes, ritmo veloz y tensión sostenida. El resultado: historias que atrapan desde el primer segundo.

No es la primera vez que los formatos breves conviven con los largos. En la literatura ya existen cuentos y novelas; en el cine, cortometrajes y largometrajes. Condensar una narrativa en tan poco tiempo exige creatividad y precisión. “Los creadores deben eliminar todo lo innecesario y apostar por una narrativa directa, emocionalmente efectiva”, explica Tello Díaz. Cada episodio debe funcionar como una unidad en sí misma, con suficiente carga dramática para mantener el interés y generar expectativa.

Pero más allá del fenómeno, las microseries reflejan un cambio mayor: el contenido ya no se busca, aparece en nuestros feeds, impulsado por algoritmos que moldean lo que consumimos. Este nuevo ecosistema redefine la distribución, la producción y, sobre todo, la relación del espectador con la ficción.

Desde el punto de vista comercial, el formato es atractivo: permite monetización vía suscripciones, publicidad o reutilización de contenidos en formatos más ágiles. También abre el juego a nuevos talentos y productoras, gracias a costos más bajos y mayor alcance digital.

Ahora bien, el reto no es técnico, sino cultural. Como plantea Tello Díaz, las microseries no crean un nuevo tipo de espectador; responden a uno que ya existe, moldeado por años de consumo digital. La pregunta clave es si ese espectador tiene herramientas para distinguir entre el entretenimiento fugaz y las obras con verdadero valor artístico o narrativo.

Desde el aspecto psicológico, queda abierta la interrogante sobre la vorágine en la que estamos sumergidos con los contenidos. La mente no es capaz de soportar historias largas e hiladas, solo retazos rápidos que no requieren reflexión alguna. Y, por supuesto, preocupa que los más jóvenes no puedan retener más información o narrativas complejas por aburrimiento o mera costumbre.

El debate, entonces, no gira en torno a aceptar o rechazar el formato, sino a evitar que se convierta en el único acceso a la ficción. La clave está en educar la mirada, especialmente la de las nuevas generaciones, para que puedan decidir qué ver, cómo y por qué. Las microseries no son una amenaza para el cine ni para las series tradicionales. Son una alternativa más dentro de un ecosistema cada vez más amplio, que sigue evolucionando al rit- mo de la tecnología y los hábitos sociales. Pero también son un recordatorio: el relato audiovisual está cambiando, y entender ese cambio es esencial para mantener una experiencia cultural diversa, profunda y significativa.

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