

Por: María José Troya C. @mariajosetroya / Fotos: Pablo Rodríguez (Quito) y Joshua Degel (Guayaquil)
La herencia emocional, los pequeños - grandes momentos compartidos, la música, los cuentos, los viajes, la fortaleza adquirida a través del ejemplo… son tantas las vivencias de las que se obtienen enseñanzas que resulta imposible citar todos los momentos vitales de la relación entre padres e hijos.
Con la alegría propia de la fecha, pero también con esos sentimientos que están albergados en algún resquicio de la memoria, nuestros invitados han logrado volver en el tiempo y recordar cuánto, y cómo, todo cambió desde que se convirtieron en padres: son momentos únicos que los llenan de orgullo.
Sin embargo, su legado artístico y profesional también ha sembrado el orgullo nacional pues su aporte no ha pasado inadvertido. Y gracias a eso, hemos hablado también de aquellas pasiones que los mueven y que se evidencian con excelencia en los resultados de su entrega.
En esta edición, estos padres nos cuentan más sobre lo que implica para ellos el amor incondicional, los miedos, los sacrificios, la proyección de su vida misma en quienes se ven reflejados.
¡Feliz Día del Padre!
CHRISTIAN NORRIS CRESPO (@christiannorrisec)
Comunicador especializado en Turismo y presentador de televisión, 49 años.
Sus hijos: Tommy y Samuel
“A través del viaje se puede educar…”

¿Qué paete de ti te gustaría que permaneciera en tus hijos cuando tú no estés?
La curiosidad por la vida. Me gustaría que ellos tengan curiosidad por investigar, por preguntar, pero sobre todo por descubrir nuestro país. Ecuador es un país gigante. La gente dice que es chiquito, pero yo he estado viajando durante 18 años y no acabo de descubrirlo. Creo que me gustaría cambiar esa concepción: que sepan que Ecuador es gigante y que hay mucho por descubrir entre sus regiones, su gente, la gastronomía y yo impulso eso en mis hijos todas las semanas.
¿Es algo ya orgánico, eso de viajar, o es algo que impulsas en ellos?
Cuando son muy niños les encantaba subirse en el auto conmigo e irnos a pescar, o al mar, o a navegar o a subir montañas. Luego entraron en una edad en la que su plan era estar con sus amigos, la novia, y ya se vuelve más difícil, pero yo igual incluyo a todo el mundo. Mi hijo mayor –ya en sus 20’s– ha empezado a hacer este descubrimiento de Ecuador y de viajar por él mismo. Ese ADN de viajar por el país es lo que quiero que tengan. Y obviamente la espiritualidad y el sentido de familia que son cosas importantes para mí.
¿Qué heredaste de tu papá que recién entendiste cuando fuiste padre?
El orden. Mi papá fue militar inglés, y ese tipo de inglés de casa tradicional donde la mesa tenía que estar perfecta. Nos hizo muy colaboradores en casa, que aprendamos oficios pues no es solamente la universidad: hay que saber arreglar un foco, el sistema eléctrico, entender cómo funciona un carburador. Mi papá era mucho de desarmar cosas y tenernos al lado sentados ahí viendo y aprendiendo. Eso me encanta y lo he entendido ahora cuando soy papá. Es importante que los hijos sepan cómo funcionan las cosas, por si de pronto necesitan arreglar algo y sepan cómo se logra hacerlo. Y luego está ese sentido de familia que mi padre y mi mamá nos impusieron. En esa época no entendía ¡por qué tanta tradición! y ¡por qué había que estar perfectamente vestidos y bajar a saludar a todos los invitados!. Ahora creo que es fundamental porque esas cosas hacen la vida y construyen el sentimiento de arraigo, saber que no somos ‘guairapamushkas’ , como decía mi abuelo (hijos del viento), sino que tenemos un linaje y ese linaje se debe respetarlo y sostenerlo para el futuro.
¿Cuál es tu forma de amarlos y cómo esperas que ellos entiendan tu cariño…?
Yo soy un papá muy de abrazos y besos. Soy mimoso. Les digo ‘qué guapo que estás’, ‘cómo te va hoy’. Y espero que ellos entiendan eso también como una conexión, porque a veces en la adolescencia se distancian -nos distanciamos-de los padres. Creo que ese cariño es vital así como que te sientan cerca sin ser invasivos, sin ser autoritarios, pero que sientan que estás ahí si es que necesitan algo.
¿Cómo crees que tu carrera - siempre en medios o con presencia visible- ha definido tu paternidad?
A mí me encantaba que mi papá,cuando tenía que hacer algún viaje por Ecuador, me llevara con él. Él estaba en la industria de los seguros y reaseguros y le tocaba ver siniestros por todo el país. “Christian, ¿Cómo estás en notas? Sal, que nos vamos de viaje”, eso lo decía en plenas clases. Él era así y, en esa época, todo era más fácil. Trato de hacer lo mismo con mis hijos.
Esa parte del viajero constante ha definido también tu paternidad…
Sí, porque a través del viaje también se puede educar. La naturaleza te forma. Caminar tres horas en un sendero, con lluvia, con truenos, te hace enfrentarte con tus miedos. Eso te forma y te va dando personalidad porque trabajas la resiliencia, la empatía, el respeto por el entorno. Creo que, gracias a los viajes, hay mejores humanos.
¿Qué es lo que realmente te da miedo al pensar en la paternidad?
En mi familia creemos mucho en los valores y los impulsamos a través de la cotidianidad. El no mentir, el no engañar, el no robar, cosas que son básicas y que los ecuatorianos necesitamos para hacer un mejor país. Entonces, me preocuparía que ellos, en algún momento, se pierdan. Y es que estamos tan expuestos a tantas cosas ahora: la tecnología –que te da mundos que tal vez no tienes contexto- los temas de sexualidad, los temas de drogas, los temas de violencia, y trato de conversar con ellos para que tengan su propia capacidad de decidir frente a estas circunstancias y mostrarles por qué la vida funciona mejor cuando hay orden. A veces estoy pensando si les estoy dejando claro estas cosas a mis hijos; es una preocupación constante de todos los padres.
JAY BYRON (@jmilesbyron)
Músico y catedrático, 70 años.
Sus hijos: Jason, Jennifer y Jeremy.
“Los hijos son todo, entiendo ese amor a plenitud”

¿Qué quisieras que tus hijos recuerden de ti cuando ya no estés?
Todas las cosas que hemos hecho juntos. Primero, siempre estuve en la sala de parto, que para mí fue una experiencia increíble (risas). Luego, los tiempos compartidos con cada uno de ellos: tengo una relación especial con los tres. Hemos viajado mucho juntos. Y ahora pasamos casi cada fin de semana aquí en mi casa haciendo comidas, BBQ, etc. Pasando el tiempo tranquilos, pero juntos.
¿Qué recuerdas de lo que tú recibiste de tu padre que lo hayas trasladado a tus hijos?
Hay mucho de él. Justo estaba pensando en eso y creo que es la pasión por la vida. Él era una persona autodidacta -estuvo en la II Guerra Mundial- y no pudo graduarse del colegio porque estaba en Alemania con las tropas. Fue una persona autodidáctica con mucho éxito y muchísima pasión por la vida. Compartió todas sus experiencias conmigo y aprendí mucho. Yo entré en la música muy joven, a los 13 años. Y él no era músico, pero le encantaba cantar e incentivó mi carrera. Me apoyó muchísimo junto con mi madre. Los dos fueron un buen legado para nosotros y para mis hijos.
¿Cómo ha sido tu manera de amar a tus hijos? ¿Cuál ha sido esa clave principal?
¡El humor! Y claro, la música (los tres han participado en esta actividad); pero gozamos todos de la vida, de la naturaleza, de los animales, de la risa genuina, de la gente en general. Somos felices cuando estamos juntos.
¿Cómo crees que tu carrera, en el caso de la música y también de la enseñanza, ha influenciado en tu paternidad?
Los tres son apasionados con la música. Nacieron escuchando a Mozart y Beethoven. En la casa siempre está la música sonando. A todos les encanta la música de los ‘setentas y ochentas’. Yo siempre pongo jazz, funk , rock , clásica, algo de country… Me encantan los Beatles, por ejemplo. Somos eclécticos, aunque el reguetón nunca entra en el playlist (risas). Y la música es también una gran maestra.
¿Alguna canción, disco o algún género que te recuerde a ellos?
Hay algo que nosotros lo terminamos llamando los Steely Dan Breakfast . Porque yo, cuando ellos eran más jóvenes, los fines de semana, hacía el desayuno y les ponía Steely Dan. ¡No son como los Beatles!, pero es una música bien especial para mi. Y a los chicos les encanta. Ahora me piden, de vez en cuando, ‘cuándo nos vas a hacer un Ste- ely Dan Breakfast ’. Son lindos recuerdos de una época...
Y ¿qué recuerdas con más sensibilidad de haber descubierto de la vida solo cuando te convertiste en padre?
Soy profesor –desde antes de estar casado- y siempre me gustó la juventud. Encontré mucho potencial ahí. Me encantaba compartir con los alumnos, pero el amor por los propios hijos es otra cosa. Aprendí muchísimo de María Emilia, mi esposa. Me quedé asombrado con su intensidad y la totalidad de su amor para nuestros hijos; con el tiempo creo que he llegado a entender y sentirme más cercano a ese amor que ella entrega. Los hijos son todo, entien- do ese amor a plenitud. Yo siempre les digo: quiero hacer lo que ustedes hacen. No importa qué hagamos, quiero estar con ustedes.
Dar clases es un acto de amor. Y, en tu caso, has sido un personaje fundamental de la música para las dos de las universidades más importantes del país.
¡Sí! Siento cómo que fueran mis hijos -pródigos algunos- (risas). Pero sí, es muy similar. Obviamente no estoy tan involucrado en sus vidas, pero cuando hicimos un concierto final de mi salida de jubilación de la universidad, llegaron chicos que fueron mis alumnos y que no había visto en 20 años. Fue muy emotivo porque son 47 años en el mundo de la educación. Tengo incluso alumnos de Pembroke Academy, en New Hampshire, en 1978, que aún me escriben por Facebook…
Es que profesor puede ser cual- quiera, pero maestro pocos, ¿no?
Lo he escuchado (risas). Pero sí, se forman relaciones importantes porque los profesores crean experiencias para los chicos que transforman sus vidas sobre todo en la música y en el arte.
ROBERTO BOLAÑOS GONZÁLEZ (@robertobolanosylacityband)
Músico, 51 años.
Sus hijos: José Roberto y Ana Paula.
“Hay que hacer un nombre, pero también se debe cuidarlo…

¿Qué parte de ti te gustaría que permaneciera en tus hijos cuando ya no estés?
El amor por sobre todas las cosas y los valores que les he inculcado, respeto, lealtad, honestidad, gratitud, perseverancia.
¿Qué cosas heredaste de tu padre que recién entendiste al convertirse en uno?
El darle la confianza a mis hijos para que cuenten conmigo en cualquier momento.
¿Qué esperas que tus hijos recuerden de tu manera de amar?
Que siempre fueron amados y valorados y que hice todo lo que estuvo a mi alcance para que sean felices.
¿Cómo crees que tu carrera también ha definido tu paternidad; en este caso la música?
Creo que entendieron que aún con una profesión tan complicada en nuestro medio, se pueden lograr grandes cosas, trabajando con honestidad y no solo haciendo un nombre, sino cuidándolo también. Esto trae respeto y admiración.
¿Qué parte de ti apareció solo cuando fuiste padre?
Las ganas de ser mejor cada día por ellos y dejarles el mejor legado posible.
ALFONSO LASO AYALA (@alfonsolasoa )
Periodista deportivo, 61 años.
Sus hijos: Alfonso, Juan José y Amelia.
“En ellos se encuentra la razón del día a día”

¿Qué parte de ti te gustaría que permaneciera en tus hijos cuando ya no estés?
¡No me había planteado esta pregunta!. Pero quisiera que mis hijos sean gente respetuosa, gente que defienda valores, que sean unidos entre ellos, que sostengan a la familia, que le quieran mucho a su mamá.
¿Qué cosas heredaste de tu padre que recién entendiste al convertirte en uno?
Todo el disfrute que uno tiene al ver crecer a los hijos y el ser parte de sus actividades. Es una sensación linda eso que los hijos nos acompañen en el día a día y en el trabajo también; que podamos estar juntos haciendo las cosas que nos gustan. Que tengan la pasión, no solo por el deporte, sino por vivir bien la vida. Me terminé de dar cuenta que mi papá estaba siempre para lo que sus hijos necesitaban y yo también lo hago ahora. Eso es lo que hay que hacer.
¿Qué esperas que tus hijos recuerden de tu manera de amar?
La entrega total, que hay mucha pasión en la paternidad para ejercerla sin excusas, sin condiciones; que sepan que ante todo siempre está el amor que uno les tiene -y que nos tenemos en familia- incluso en momentos más difíciles. Que sepan que el amor que se les tiene es el que les va a que sostener y el que los va a ayudar a resolver los problemas.
¿Cómo crees que tu carrera ha definido o inspirado en tu paternidad; en este caso la comunicación y el fútbol?
Hay una mezcla de varias cosas: el amor a lo que nos gusta, el trabajo, la responsabilidad, la disciplina y el respeto. Creo que en mi profesión se mezclan estos elementos y creo que mis hijos también me ven y lo pueden reconocer en mi trabajo y en la familia. Aunque hay cosas que se aprenden porque se ven, no porque se les dicen: el ejemplo es lo más importante. Es lo que se necesita para que a uno le vaya bien en la vida personal y en el trabajo.
¿Qué parte de ti apareció solo cuando fuiste padre?
La parte en donde uno deja de hacer las cosas por uno mismo -o en extensión por la pareja- , y que casi todo lo que se hace gira alrededor de los hijos; encontramos que ahí está la respuesta a preguntas como:¿Por qué se hacen estas cosas? ¿Por qué hacemos o dejamos de hacer algo? Y uno dice: “por los hijos”. Pero eso solo se puede aprender cuando se los tiene, cuando se sabe que hay que cuidarlos; cuando se quiere que ellos se desarrollen mejor se tienen que hacer cosas diferentes que les pueda servir en la vida. Uno puede oír esto, pero hasta que no se es padre, no se termina de entenderlo. En ellos se encuentra la razón del día a día.
ROBERTO GUERRERO FLORES
Emprendedor y escritor, 42 años.
Sus hijas: Julia e Isabel.
“Yo también tengo que buscar recursos para ser padre. Hay que desaprender para ser papá...”

Escribiste El viaje inolvidable, un cuento infantil ilustrado. ¿Cómo nació?
Este libro nace de un momento muy oscuro en mi vida. Yo vendí una empresa y me encontré con un vacío en mi vida. Tenía miedo de cuál iba a ser mi siguiente paso. Sentí que mi trabajo definía quién era yo.¿Y ahora qué hago? ¿Quién soy? Tenía miedo de hacer las cosas, ya no quería seguir haciendo lo mismo. Y justo tuvimos la oportunidad de ir a un viaje al Tena. Fue lo más espontáneo del mundo porque lo decidimos esa misma mañana. En el hotel al que llegamos había un mono: Ramona. Vi entonces el proceso de mis hijas de superar ese miedo al animalito porque al inicio hubo fricción -de conocer algo nuevo y entender la dinámica- pero después ella nos acompañó en ese paseo y ellas estaban encantadas. Para mí, algo tan pequeño, terminó siendo un gran aprendizaje. Mi mente estaba cargada de cosas, de pensamientos no tan buenos, y me di cuenta que tenía que ocuparme en algo más y ahí fue cuando decidí escribir el libro.
Los niños son grandes maestros, definitivamente. Y con eso, ¿qué parte de ti te gustaría que permaneciera en tus dos hijas?
Yo creo que somos tan efímeros en este planeta que no pienso tanto en qué va a pasar después. Pero quisiera que ellas sepan quiénes son y que vivan el presente con todas las emociones concentradas en el momento. Que si se acuerdan de su papá, digan: “mi papá me dijo que viva el presente”.
¿Qué cosas heredaste de tu papi que recién entendiste cuando ya fuiste padre?
Es una pregunta sensible. De mi papá aprendí la determinación para hacer las cosas. La persistencia, ese deseo de siempre ser mejor. Y el tener los principios bien claros. A pesar de que todos cometemos errores, el ejemplo de mi papá siempre ha sido el respeto por todos.
¿Cómo crees que tu carrera ha influido en la paternidad?
El emprendimiento me ha hecho mucho más humilde: el saber que no sé o que quizás lo que sé no es lo que quiero darles a mis hijas. Hay un ‘estrellazo’ contra el mundo y reconozco que no he sabido tanto como creía. Eso me ha llevado a decir que yo también estoy aprendiendo. Yo también tengo que buscar recursos para ser padre. Hay que desaprender para ser papá. Porque tampoco quiero traerles tantos problemas a mis hijas que a veces uno arrastra de generación en generación.
Y como escritor…
Eso de decir escritor me suena tan raro. Pero creo que más allá del libro, de niño hubiese querido tener una guía frente al miedo. Quiero dejarles a mis hijas un aprendizaje que quizás a mi me faltó. Que identifiquen las cosas como son: está bien tener miedo. Y está bien hacerle frente a ese sentimiento y entenderlo. No lo veo como un libro sino como una herramienta para el Roberto de chiquito que viene al presente y les deja a sus hijas -y a otros niños- a quienes pueda resultarles útil.