

Redacción: Coté Jaramillo (@cotejaramilloa) / Fotos: Cortesía
Es inevitable pensar que, como latinos, tenemos una relación especial con la música melancólica. Muchas de las canciones que han acompañado nuestra historia hablan de desamor, despedidas y corazones rotos. Hemos aprendido a cantar el amor desde la nostalgia, a convertir las rupturas en canciones y, muchas veces, a confundir la intensidad con el sufrimiento.
Santiago Cruz lleva más de dos décadas haciendo música y, durante buena parte de ese camino, también ha escrito sobre el amor. Sin embargo, con los años su mirada ha cambiado. Hoy entiende las relaciones desde un lugar distinto y cuestiona esa idea tan arraigada de que amar necesariamente implica sufrir. “Si se sufre, no es ahí”, dice.
Esa transformación también atraviesa su música. El artista colombiano presenta Fragmentos, un nuevo álbum que marca una etapa diferente en su proceso creativo. A diferencia de sus trabajos anteriores, en los que la mayoría de las canciones nacían de su propia pluma, este disco tiene una fuerte presencia de colaboraciones: cerca del 75% fue escrito junto a otros compositores.
El resultado es un disco que le permitió escuchar otras voces, salir de sus propios lugares conocidos y, paradójicamente, defender con mayor fuerza aquello que entiende como esencial en su música. En canciones como “Cuatro Vasos, Un Florero”, esa apertura se convierte también en una oportunidad para hablar de las relaciones desde una perspectiva menos cómoda: no solo quién se fue o quién dejó a quién, sino cuál es nuestra propia responsabilidad en una historia de dos.
A propósito de su participación en Sayce Music Week, conversamos con Santiago Cruz sobre el amor, "la tusa", la necesidad de reinventarse, lo que significa convertirse nuevamente en aprendiz y la música que quiere seguir haciendo después de más de 20 años de carrera.
Después de tantos años escribiendo canciones sobre el amor, ¿ha cambiado tu manera de entenderlo o de verlo?
Por supuesto. Por suerte, es un cambio que viene desde hace muchos años. Al principio seguía dando vueltas en la trampa en la que todos caemos, la del melodrama latino por excelencia: que el amor es sufrido, que tiene que ser complicado, que es sacrificio permanente, que es fricción permanente.
Por suerte, a partir de un cambio de mentalidad y de una manera distinta de ver la vida, he logrado entender que, en general, todo, pero sobre todo el amor de pareja y las relaciones, no tienen que sufrirse. Si se sufre, no es ahí.
Me parece que el sufrimiento vende, porque nos encanta eso. Estamos mal acostumbrados por las telenovelas, las novelas románticas y demás. Pero desde hace un tiempo, y te diría que desde un disco que se llamó ¿A quién corresponde?, allá por 2012, escribí una canción que se llama “No te necesito”. Era una visión distinta de las relaciones de pareja.
Me parece importante explorarla, decirla e ir cambiando ese paradigma de que la fricción es necesaria para la fogosidad de una relación. Creo que ese paradigma nos lleva muchas veces a quedarnos en situaciones donde nos lastiman un montón, pero como nos dijeron que así es el amor, que el amor es así y que tenemos que sufrirlo, nos quedamos ahí. Eso es algo que, por suerte, he cambiado en mi vida y también en mi manera de escribir canciones.
¿Crees que es más fácil escribir cuando estás pasando por "una tusa" o por momentos muy dramáticos, o también encuentras inspiración cuando estás feliz?
Yo creo que lo que pasa con las canciones de despecho o de tusa, como decimos en Colombia, es que el oyente se siente abrigado en un momento en el que necesita mucho ese abrigo. Necesita no sentirse solo en lo que está sintiendo y no ser el único que lo está pasando mal.
En ese momento, el oyente necesita eso y se abraza a las canciones de despecho con una fuerza que la ocasión amerita. La ocasión nos lleva a eso. Desde el proceso creativo, yo no creo que necesariamente sea más fácil escribir ese tipo de canciones. Creo que durante muchos años muchos artistas hemos caído en la trampa, de la cual por suerte yo salí rápido, de que era necesaria la miseria del artista para crear, de que el arte precisa la miseria del artista.
Esa es una trampa muy peligrosa que los poetas malditos nos dijeron que era posible: gente jodida, atribulada, con la vida caótica. Esos son los grandes creadores. Yo creo que no, que no necesariamente.
¿Consideras que esta forma de entender la música es también un proceso de rebeldía? Lo digo porque tu música se mantiene vigente porque no es ese pop que escuchamos durante dos semanas y después desaparece. ¿Crees que es un acto de rebeldía no seguir esa línea?
Primero, te agradezco mucho que lo sientas así. Segundo, fíjate que cuando yo empecé en esta carrera, por allá por el año 2003, lo hice con la intención de hacer un tipo de música que, cuando fuera un viejito, ya me voy acercando, me falta, pero me voy acercando, no me viera ridículo haciendo.Quería hacer algo que tuviera esa sensación de atemporalidad, que se pudiera sostener en el tiempo. Esa ha sido la intención y, por suerte, sé que hay canciones que se van a sostener en el tiempo. No todas las que quisiera, pero muchas más de las que alguna vez soñé.
No sé si es un acto de rebeldía. Es simplemente la manera en la que yo entiendo la música y la manera en la que entiendo lo que es hacer una canción. Hay una frase muy interesante de un documental que vi alguna vez con un comediante. El manager le decía: “¿Pero tú por qué siempre escoges el camino más difícil?”, como si fuera un acto de rebeldía. Y el tipo le responde: “Es que tú crees que yo veo dos caminos. No, yo veo uno: el de mi manera de hacer las cosas”. Así he aproximado yo mi música.
Este nuevo disco tiene una particularidad importante en el proceso de composición. ¿Cómo fue abrirte a trabajar con otros artistas?
Generalmente, si yo te hiciera una evaluación porcentual de mis discos, el 80% o el 90% son canciones escritas por mí, de pronto con alguna colaboración en alguna canción de composición. Este es al revés: el 80%, el 75% del disco está escrito con otras personas, en compañía de otras personas, y hay dos canciones 100% mías.
Entonces, me abrí a oír distintas cosas. Pero en esa apertura pasó algo muy extraño, porque pareciera que, al sentarme con más gente, me vi en la obligación autoimpuesta de defender mi punto de vista con más ahínco. Me permití incluso ir un poco más allá en todo lo que yo siento que es la música, las historias y demás. “Cuatro Vasos, Un Florero” es un ejemplo de eso.
Me senté con un par de chicos que no tendrán más de 25 años, Christopher, el productor, y Selva Volcan, los coautores de la canción. Terminamos haciendo un bolero con una línea melódica muy clásica y luego llega Cardelino, un artista uruguayo, a meterle todo su flow y su vuelta, pero contando una historia que también nos ayuda a cambiar un poquito el punto de vista de las relaciones. Porque, otra vez, la aproximación clásica es: “¿Eso fue culpa de ella o es culpa de él? Él fue el que se fue, ella fue la que me dejó”.
¿Sientes que has aprendido o que te has conocido de una manera diferente al escucharte, sobre todo con estas canciones y al colaborar con artistas más emergentes que tú?
Total. Aprendo un montón. Me fascina ponerme en ese lugar de aprendiz.
Uno tiene que asumir ese papel permanentemente. Claro que yo llevo más tiempo en la industria y creo que conozco un montón de cosas distintas, pero ellos también tienen un punto de vista diferente, más fresco, cosas que me sacan de mi lugar. Había líneas melódicas que yo no entendía y me decían: “No, es que es por acá, Santi”. Me gustaba, pero no iba a hacerlas. Creo que eso, así sea por pura neuroplasticidad, es importante hacerlo.
Se viene una nueva gira pero a los 20 años de carrera, ¿qué se puede esperar de esta gira y de la puesta en escena? ¿qué podemos esperar de Santiago Cruz?
¿Qué se puede esperar? Música. Yo no soy un artista al que la gente va a escuchar porque la pantalla es más grande o porque la pirotecnia va a sonar más duro. La gente va a ir a mi concierto porque se conecta con tal o cual canción.
Ahora hay canciones nuevas, vendrán canciones nuevas. En un repertorio tan amplio, con más de 20 años de carrera, hay canciones que hace rato no tocamos y que vamos a volver a tocar. Hay versiones nuevas de algunas de esas canciones. Y la promesa que nosotros siempre hacemos en el escenario es dejar el alma ahí arriba e intentar que la noche sea memorable. Algunas veces lo logramos, por suerte bastantes; otras veces no. Pero el intento está ahí: que la noche sea memorable.