
El antagonista por excelencia, el desobediente e impulsivo, el malagradecido que nunca siguió las reglas. Así fue como creó su imagen en Hollywood –o viceversa–hasta impedir el reconocimiento a su carrera y a sus personajes. Ahora, vuelve con VAL, un documental en el que recorre su conflictivo pasado y su presente marcado por un cáncer a la garganta….
Por María José Troya C. Fotos: Paramount Pictures - Top Gun.
El tono melancólico es una constante en el documental, incluso en los momentos que podrían ser los más felices de su vida. Val Kilmer (Los Ángeles, 1959) es el protagonista, junto a sus recuerdos, de esta producción en la que se explora su vida y sus filmes. Increíblemente, todo su pasado –desde muy niño– está grabado en cintas que ahora son su mayor tesoro y la única posibilidad de volver a salir en pantalla. Las imágenes cuentan su niñez junto a sus hermanos, descubriendo las posibilidades fílmicas, inventando personajes y películas, como si el séptimo arte ya estuviese marcado en su destino.
Creció en un hogar feliz, con padres que siempre apoyaron sus decisiones y con una vida económicamente estable. Sin embargo, la muerte temprana de su hermano marcaría tremendamente a la familia. Esa partida fue el detonador que rompería en pedazos el ánimo de su padre y, por ende, de todo su círculo. Val Kilmer siempre atesoró su capacidad histriónica. Estudió en Julliard School y pronto empezó a tener importantes papeles para teatro y cine. Estuvo en Slad Boys con Kevin Bacon y Sean Penn, luego debutaría –a gran escala– con Top Secret!, una comedia que de- mostró al mundo un rostro perfecto, un galán atípico que sería ideal para la pantalla: rubio, de facciones duras y masculinas, alto y corpulento. Eso le haría ganar el rol que marcaría su éxito: Ice Man, en Top Gun, como antagonista de Tom Cruise. Pero no solo llegó el dinero y el reconocimiento, también la fama de llevar al extremo el carácter de sus papeles fuera de escena. Es así que nunca compartió tiempo con Cruise pues eso acentuaba su rivalidad para efectos de la película. Ese fue, sin duda, el inicio de su propio ‘método actoral’ que poco a poco marcaría el ritmo de su vida cinematográfica: desplantes, excesos, peleas, cambios a discreción en guiones que no le pertenecían. Actuó en Batman Forever, uno de sus papeles más añorados, hasta que se dio cuenta que no había mucha gracia ni movilidad a estar enfundado en un traje rígido donde no podía explorar sus líneas y ni gesticular. Pronto abandonó el proyecto que tenía una secuela y se fue a filmar El Santo, un papel que auguraba demasiado, pero que terminó siendo satirizado porque los disfraces de Kilmer resultaban absurdos e infantiles para efectos de la trama. Actuó también como Jim Morrison, un rol para ‘el que nació, según lo cuenta. Fue así que no solo se limitó a cantar y verse como él, sino a incorporar varios de sus vicios que poco a poco fueron creando ruptura con su pareja y con parte del elenco. Luego estuvo La Isla del Dr. Moreau, ahí compartió créditos con su ídolo, Marlon Brando. Sin embargo, la producción y los resultados fueron un fracaso: demasiados disparates de Kilmer, una falta de seriedad frente a sus diálogos que siempre fueron improvisados, peleas constantes con el staff hicieron que su fama de intratable llegue a todo Hollywood.
UN PERFECCIONISTA POCO ENTENDIDO…
Durante su participación en Kiss Kiss Bang Bang, fue elogiado por la crítica. Y es que, de alguna forma, sus participaciones nunca estuvieron en duda, sino su carácter. Fue así como el mismo Robert Downey Jr. lo defendería diciendo que a la industria nunca le gusta escuchar sus fallas, que destruyen a los actores cuando no encajan y que Kilmer, con seguridad era uno de los talentos más sólidos y subestimados de la industria. Ese apoyo llegó tarde y, de alguna forma, si bien lograba darle un espaldarazo, eran demasiados años de rivalidades sin sustento y un ego que era imposible de domesticar. Mientras su carrera poco a poco iba perdiendo relevancia, su carácter iba ganando detractores, incluso su matrimonio con la actriz Joanne Whalley (realizado en 1988) terminó en 1996. Ella fue, según lo confiesa con pesadumbre, el amor de su vida, y la madre de sus dos hijos, Mercedes y Jack.
Según los medios estadounidenses, hace mucho que se rumoraba que el actor estaba enfermo, aunque él siempre lo negó. En 2017, finalmente confesó que tenía cáncer de garganta y que ya estaba en tratamiento. El resultado ha sido una dosis de humildad porque perdió lo que más ha atesorado: su voz. Tiene un traqueotomo y gracias a él ha podido sobrevivir y empezar una nueva vida.
El documental está narrado con la voz de su hijo. Un proyecto ambicioso y sentimental que se ha llevado los aplausos de la crítica y de los espectadores. Una narrativa contundente y dramática que recobra la trayectoria de uno de los actores indispensables del Hollywood moderno.